Coleccionismo en General·Trocitos de Historia

Piratas de antes y de ahora 

El Centro de Arqueología Subacuática (CAS) de Andalucía tiene base en Cádiz, concretamente en lo que era el antiguo balneario de la playa de La Caleta. Desde su terraza, la directora Carmen García contempla los dos imponentes castillos  que custodian la playa, el de San Sebastián y el de Santa Catalina. “La Caleta ha sido una zona muy expoliada” — nos dice Carmen. El caso más llamativo de este expolio, que además fue muy mediático,  fue el de la fragata ‘Nuestra Señora de las Mercedes‘ a cargo de la empresa americana Odyssey. Esta empresa se originalmente hizo con un tesoro valorado en 500 millones de dólares.

Después de años de litigios y juicios, finalmente la justicia determinó que el tesoro encontrado por este compañía pertenecía a España, y fue devuelto, encontrándose hoy en día expuesto en el Museo Arqueológica Municipal de Cartagena.

tesoro oddisey

Piratas había entonces y piratas sigue habiendo ahora

Bajo las aguas de Cádiz “puede haber el suficiente dinero para acabar con la crisis” — asegura el cazatesoros Claudio Bonifacio, imputado en el año 2005 por un delito de expolio.  Existen compañías internacionales que buscan negocio bajo las aguas de todo el mundo. Son empresas que se acercan al patrimonio subacuático con un interés comercial y en la mayoría de los casos disponen de tecnología punta, por encima de los propios gobiernos.

El principal peligro no es que se lleven monedas. El peligro real es que para conseguirlo destruyen la información histórica. De ahí que buena parte del trabajo que desempeña su departamento en el Centro de Arqueología  CAS, sea el de concienciar que el verdadero tesoro “no son el oro o la plata“, sino lo que el yacimiento nos puede contar parte de nuestra preciada historia. “Para mi Odyssey no nos robó el oro ni la plata, nos robó parte de nuestra historia” — lamenta Carmen.

El gran obstáculo para recuperar el patrimonio subacuático es en ocasiones los miles de metros de agua que se encuentran sobre él, de ahí que sea tan difícil poder recoger la información que guardan desde hace siglos.

Un ejemplo evidente lo vemos en los dos pecios hallados en el año 2012 durante la construcción de la nueva terminal de contenedores del puerto de Cádiz. Nada menos que seis metros de fango obstaculizaban el acceso a las dos misteriosas embarcaciones, pero a la vez permitieron la conservación del avituallamiento que transportaban.

Con tecnología adecuada y el presupuesto necesario, el aislamiento de estos tesoros hundidos podría transformarse en un excelente aliado para la investigación histórica de nuestro país.

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